Repito, noche tras noche, la misma lágrima en ditinto bar,
sobrevolando el tedioso perfume de esta ciudad,
que sin ratas con alas no aprenderé nunca a volar,
así como yo una vida, dos vidas...cien vidas sin eternidad.

Sucedo, sólo, si lo intuyo en tus ojos,
en el campo y en tu coche se viaja mejor con noche,
entre fieles gemidos casi carnavalescos sin cautela;
así como tú, yo quisiera toda una vida...de ciudades prohibidas.

Circulo ciego y sordo por los lugares que no te encuentro
y me recobro de cuentas pendientes conmigo mismo;
arrendados tengo los latidos a las deudas pasadas del desamor,
color veneno, que tú estás saldando.

Todopoderoso todo aliento de tus besos
que recorra la calle de "Greenwich Village",
y cruce el andén de la más vieja estación;
así como el tedio ha ganado a la manifestación del presente,
resucito, una vez más, y prometo seguir siendo rebelde.


Resucito