Frenado ante tan pesada maquinaria
de autodestrucción masiva.
Todos los vasos siguen medio vacíos,
a pesar de contar con la más tierna humedad.
La voz, el desorden y el silencio del poeta
se ciernen sobre el terreno devastado
por los enclenques sordomudos de nuestra copiosa humanidad.
Declamar críticas delante del espejo
no soluciona las paranoias metrocuadráticas de la inseguridad.
Sobre piedra grabamos nuestras reacciones,
que eclosionarán sobre la piel camaleónica de las lluvias
torrenciales y los vientos huracanados de nuestra poderosa mediocridad,
disfrazada de libertad.


Pensamiento III