No fue un acto heroico ni una decisión precisa; apenas fue voluntario, el hilo se tensó tanto que reventó.
He dejado de pensar en ti, en tu cuerpo de selfie, en esa boca tuya que se traga todo mi aire, como si yo fuera el oxígeno en medio de tu incendio.
He dejado de caer, como la lluvia inoportuna que te moja el pelo de camino al trabajo.
Te he despegado de mi sombra, desatornillado del peso de las ideas que todavía me caminan por dentro.
He dejado de pensar en ti: ya no luxas mi deseo, ni manipulas mis huesos como una marioneta esperando su función.
He dejado de escribir.