¿No la oyes?
¿Vas a venir?
No importa, aquí me quedo, aferrado a tu silencio,
ese silencio jodidamente hermoso.
He estado toda la noche repitiendo tu nombre,
como un loco, como un idiota.
¿No lo oyes?
¿Vienes o seguimos jugando?
Hasta que te decidas, seguiré aquí, abrazado a tu silencio,
ese silencio que, por ahora, es lo único tuyo que me acompaña.