una culpa obediente
inicia la calma
explicando la situación:
una boca taciturna
con movimientos abúlicos
en un instante de relaciones
de una mente que desea
no perder la luz
que embellece su retina
El perdón no duró un segundo;
la calma
el tiempo que tardó la culpa
en aparecer de nuevo.
Culpa, perdón y después silencio...
un silencio mullido de desbaratados adioses.
Perdón y silencio