Con ganas de que me quites
las telarañas del paladar.
De que me devuelvas el sabor,
la saliva, el vértigo.
De que me beses con hambre.
De que me arranques el bostezo
y me devuelvas el verbo: gemir.
No pido flores, ni promesas.
Solo un beso hambriento,
una lengua traviesa, una cama deshecha,
un desayuno caníbal
de piel y alma.