Lo que está claro es que, tanto los del norte como los del sur, han podido verla gobernar el cielo durante unas horas. Con un gesto, voluntario y unánime, tan fácil como levantar los ojos hacia el cielo, podrían haber admirado su belleza. Una belleza que podría derrotar todo el odio que nace del miedo a sentirnos atacados o perdidos por lo que un día también fuimos.
Cerrando los ojos, cansado, una voz agitada de mujer grita en mi cabeza:la luna sangra herida de muerte por los daños colaterales de una guerra absurda entre inmigrantes.
La explicación calma músculos y sentidos y ya puedo cerrar los ojos, espero que los sueños sean algo más benevolentes que la realidad.
Luna roja