En la cama todo se resume mejor. El calor que te aporta la colcha subida hasta la nariz, es tan reconfortante que casi me hace olvidar la luna roja que cubrió mis sueños antes de irme a dormir. Quizás esa luna estuviera queriendo decir algo más; quizás el rojo fuera sangre de una herida mortal, o quizás, no fuera más que la luz del sol reflejada sobre ella.

Lo que está claro es que, tanto los del norte como los del sur, han podido verla gobernar el cielo durante unas horas. Con un gesto, voluntario y unánime, tan fácil como levantar los ojos hacia el cielo, podrían haber admirado su belleza. Una belleza que podría derrotar todo el odio que nace del miedo a sentirnos atacados o perdidos por lo que un día también fuimos.

Cerrando los ojos, cansado, una voz agitada de mujer grita en mi cabeza:la luna sangra herida de muerte por los daños colaterales de una guerra absurda entre inmigrantes.

La explicación calma músculos y sentidos y ya puedo cerrar los ojos, espero que los sueños sean algo más benevolentes que la realidad.


Luna roja