He llegado a esta conclusión y no es consecuencia de haber estado noches en vela pensando hacia donde va el mundo, sinó que, simplemente, viendo lo que pasa a mi alrededor me doy cuenta que la mujer reinará los siglos venideros, y ésto ocurrirá si no se cruza, otra vez, algún movimiento político-religioso que nos vuelva a encerrar a todos en la moralidad mil años más.
La mujer ya ha despertado, y, poco a poco, va conociendo sus posibilidades. Al hombre sólo le queda adaptarse a esa nueva situación.
La mujer siempre ha sido más capaz que el hombre pero es ahora cuando se le reconoce dicha virtud y este cambio le abre a la mujer una abanico infinito de colores para pintar a su gusto el mundo. Solamente hay algo que los hombres podamos hacer: satifacerlas, es decir, y teniendo en cuenta que la mujer con el tiempo no necesitará al hombre ni siquiera para procrear, conocer sus puntos y saber explotarlos hasta convencerla de que el éxtasis, que inunda sus sentidos, no podría haberlo alcanzado sola, ni con artilugios de plástico.
En definitiva, la mujer ha cambiado y el hombre debe hacerlo; debe adaptarse a lo que le viene encima. No será fácil, hombres del mundo entre los que me incluyo, pero es inevitable. A todo aquel hombre que no acepte la situación sólo tengo una cosa que decirle: "Acéptalo o tendrás que consolarte con el amor del que habla el Sr. Punset, el de las células, claro.
Selección natural