Este maldito pájaro
ya no reconoce su nido,
ese rincón mugriento,
ya no le calienta los huesos.
El suelo
es un maldito lecho de espinas,
un lado del mundo, oscuro,
insoportable.
No hay razones para volver,
la única gracia, saber que nadie se entromete.
Ese pobre esqueleto,
arrastra una infancia rota.
Ese chico sin juguetes,
esclavo de sombras y fantasmas.
Viviendo bajo el yugo
de una tormenta traidora,
mordiéndose la lengua
para no gritar al vacío.
Palabras podridas,
leyes que asfixian,
una vida de mierda,
una cárcel sin rejas.
Una sombra vagabunda,
perdida entre la nada.
Un hueso carcomido
que se hace añicos,
esperar a que la podredumbre lo reclame.
Ni lástimas ni recuerdos pobres,
¿Por qué escribir
sobre lo que te destroza por dentro?
Solo quiero memorias dulces,
un engaño que perdone
crueldad y despotismo,
y esta amarga soledad
rodeada de fantasmas
que ni ven, ni sienten.