No soy más que recuerdos de un patio de colegio,

sueños muertos que me abrazan bañados

en veinte años echando raíces en la misma tierra triste

y en una cuna de ilusiones que ya no rezan ni ilusionan a ningún santo.


El amor más seductor vino un día a distraerme

y aún después de abandonarme por enésima vez, sigo

necesitando, a la misma hora salvadora de siempre,

una luna que me alivie el corazón tan llorón y desnutrido.


Con el nacimiento de un nuevo beso, que ya no me creo,

caigo en la trampa de escribir nuevos y arrebatadores versos

buscando no marchitarme en soledad, maldita sea esa verdad

que nace a fuego lento entre personas de distinto o mismo sexo.


"Qué difícil es renunciar a unos labios abiertos"

cuando te arden las manos desnudas y solas

Qué difícil es no distinguir la mirada de un tuerto

cuando quiero vagabundear por las "calles del viento".


Ahora siento que mi sombra no busca nada

mi café se volvió muy frío para compartirlo

si encuentro cobijo en alguna desierta rama

que regala, casi siempre al filo de la madrugada, el destino.


Ya se me acaba, se me agota lo poco que escribo

por no querer agradar ni complacer a ningún ser vivo

el estilo me lo dieron los sentidos, el ritmo los latidos

y el motivo cualquier sentimiento, situación o entredicho.


Nunca más miraré atrás buscando custodia

en el dolor que se esconde tras el recuerdo

de no besar nunca con los ojos abiertos.

Ahora ya me encuentro desnudo de tanta miseria.

Ahora ya me encuentro resignado a vuestra indolencia.



Calles del viento