Maestro y experto en mirarse en espejos rotos

amigo de la individualidad que no disfrutamos

y adicto a la poesía que crea una mirada triste.


Conocido de las historias de estación lluviosa

y magullado por los desvíos menos atractivos

pero leal a ese camino abrupto y menos habitual.


Polizón intrépido comprometido con sus sueños

hombre enamorado de la locura caduca y fugaz

,desconocida e idealizada, del andén de estación, del desvío de autopista.


Dispuesto a llorar el blues más nostálgico y sensual

recuerdos que rompen el sueño de cualquier noche.


Insuperable en descubrirle los miedos al demonio

que hace girar la rueda de la seguridad aplastando

a fulano con dos o menos dedos corazón de frente.


Indispensable cuando el alma levanta la mano

necesario para descargarte de rarezas comunes

y vivir al compás de los latidos más arrítmicos.


Amante del anonimato que, en el atardecer más hermoso,

te puede ofrecer esa hora tan desnuda y alejada de rutina

pero demasiado desmaquillada por las otras horas del día.


Dispuesto a bailar el rock más improvisado

momentos que olvidan el recuerdo de cualquier noche.


Enemistado con la furia del amor contenido

envenenado con el deseo de ser único y necesario

marchitado por la ceguera y malevolencia de los demás.


Respetado por la canción de las noches perdidas

honrado con el aguardiente de la despedida

admirado por los fujitivos del deber.”


Apedreado cuando está totalmente sólo

apedreado cuando toca su guitarra

apedreado cuando fue más joven y capaz”



Para el amigo más extraordinario e imprescindible.


El Zagal de Gabás