Lo nuestro duró lo que visto y visto no vi, su puño se hundió.
En vez de fingir o arrancarme a insultar monederos, me dio por reír.
De pronto me vi com un perro de nadie llorando a las puertas del hielo.
Me dejó un neceser con agravios, la sangre en los labios y nieve en el pelo.
Tenían razón mis amigos en eso que al bromearle firmé la extremauncion,
con una excepción: esta vez yo quería quererlo querer y él no.
Así que se fue, me dejó el corazón en los huesos y con ‘toa’ la mejilla,
en el coche me miré en el espejo, que pasada!!demasiado rojilla…
Y regresé a la maldición de no poder cerrar la boca, a la perdición de comer solo sopa, a mi ensaladita de noche y de día y por esas cuentas de la gente sin alma que pierden la calma con cualquier tontería.
Casi volviéndome loco, derrochando ibuprofenos y hielo conseguí, poco a poco, no entender que quería.
Y eso que yo, para no agoviar con lágrimas a las amigas,
para no asediarlos con mis boberías de mejillas rotas y almas vacías,
para no comprarlos con mis alegrías, ni ser el fantoche que va, en romería, con la cofradía del santo reproche,
tanto me quería, que tardó en volver a llamarme, 19 días y 500 noches.
Dijo "toma" y "adiós", y el tortazo, sonó como un signo ‘dexclamación’,
sospecho que así se vengava, a taves de las manos, su furia de mí.
No pido perdón, ¿para que? si me va perdonar porque ya no le importa?
Simpre tuve la lengua mu larga, su frente mu alta y la cara mu rota.
Me abandonó como se abandonan los amigos del pueblo,
destrozó la moral que me viene de lejos,
sacó del diablo su vivo retrato y fui tan torero por los callejones del miedo y el vino, que ayer el enfermero me aconsejó ibuprofeno de casa Padrones.
Qué pena tan grande, negaría el Santo Juramento, que llevamos por dentro los amigos de calle...
Tanto le quería, que tardé, en aprender a cabrearme, 19 días y 500 noches.
Lo nuestro duró