A tan tierna edad es difícil mantenerte cubierto

,durante cierto tiempo, de la lluvia de mentiras lloradas

por la hipocresía de los que sintiéndose esclavos de una fecha de enamorados

nos intentan vender la utopía de una historia de amor eterna.

También estuve enamorado, también sentí en mi propia piel

el amor juvenil que cuando quema, quema a ‘quema ropa’

también volé y también me estrellé,

incluso una vez escribí “te quiero y quiero hacerte feliz”

pero por entonces cómo iba a saber yo que la vida de turista

puede llegar a ser mucho más sincera que la vida de casado.


A tan tierna edad empachado de tanta palabra falsa,

de tanto consejo sucio donde disfrazar vuestra pasión censurada.

Harto de oír que la felicidad se logra al conseguir

besar sin necesidad de respirar, durante mil años o más,

a la misma persona, cosa o animal.

Cansado de ver caer en los mismos errores

a los amigos, a la familia y a los desconocidos que lloran bajo una farola

agarrados a una verdad que se nos vende como única y salvadora.

La soledad será dura si te aferras a ese alguien imaginario

abrazado al recuerdo de un parque, un mensaje o unos labios temerarios.


A tan tierna edad, de vuelta de todo, hablándole

al corazón furtivo de la luna llena de media noche

sediento si bebo más de dos veces del mismo vaso

obligado a sacar de mí toda esa virginidad atormentada

por no poder aspirar a nada más, ya sea peor, mejor o diferente.

Por favor no vengais ladrando vuestras tonterías de perrito fiel,

bastante soportais ya teniendo que recitar de memoria ese ideal tan cruel que os obliga a calmar la tentación temporal que se asoma a la ventana cuando el collar os deja respirar.


A tan tierna edad maltratado por vuestros juicios de moral

dónde me ahorcais porque acabé quitándole la razón

a la rutina y se la dí a la necesidad de sentirme vivo

tras una fachada levantada a oscuras y pintada a la luz de una vela.


A tan tierna edad incrédulo de vuestras historias de amor

y según la luna, traumatizado por el hechizo roto de alguna bruja de ojos azules.

Apoyado en la virtud de darle a todo un distinto color

maquillando la mirada del niño esperanzado que

de rodillas y sonriendo le canta cada noche al amanecer.

Así que no me hableis más de príncipes y princesas

cuentos populares donde amor e infinito

son vendidos por el creador de sueños en el mercado

del pueblo más cercano a cualquier corazón maltratado.


A tan tierna edad sigo aquí tumbado sobre la locura del anochecer.


A tan tierna edad