En el anochecer
de este año tenebroso,
mis pasos sendan, lentos y pensativos,
entre lazos de sangre deshilachados, heridos, desgastados,
formando nudos aleatorios en el camino.
Sobre la sombra de sueños subconscientes,
tremulan mis esperanzas,
buscan solidez,
fortalezas de trigo y agua,
y amores que no fenezcan.
Surge, entonces, la promesa
de un segundo viaje de ida
hacia horizontes salvajes,
sin escudos contra el miedo,
mientras el olvido
pastorea tristes recuerdos en la neblina del tiempo.
En el albor de un nuevo año,
se alzan tres esperanzas, luminosas,
y un ser frágil, rehecho,
surge de las sombras
hacia la promesa de una segunda oportunidad.