sin llegar a nada llegué a intuir que

la pasión son dos velas que se encienden al anochecer y con suerte una de ellas durará hasta el amanecer

una cama puede esconcer algún secreto si estás dispuesto a contar los tuyos.


Sin llegar a nada llegué a adivinar que

el amor nace una noche bajo la luz de las estrellas y muere con la luz del sol

el alma de cualquiera te puede dar paz si la encuentras detrás de tanta ficción.


Sin llegar a nada llegué a prever que

la exaltación son dos gotas de alcohol que te bebes mientras observas a los demás

la amistad se puede disimular muy bien detrás de un montón de minas antipersona.


Sin llegar a nada llegué a pronosticar que

la realidad no se puede cambiar en unas cuantas lineas escritas en papel de fumar

una sombra puede decir mucho más que un espejo fuera de lugar.


Sin llegar a nada llegué a anunciar que

el camino se vuelve salvaje cuando nos dejamos guiar

la lógica volverá loco a cualquiera con ganas de un poco de enajenación.


Sin llegar a nada no llegué a ningún lugar

manchado con las vomitos repentinos de la originalidad

alimentado de trozos de un boceto siempre por acabar.


Sin llegar a nada llegué a curarme

las heridas de los besos prohibidos que

doy cuándo no sé qué decir y el valor me sorprende al girar la esquina de la indecisión.


Sin llegar a nada llegué a jugar en

la vida dentro de un coche, una canción y dos estribillos

el vagabundo es propietario de cualquier árbol al que se quiera atar.


Sin apostar aposté por ese caballo de carreras

que no puede perder nunca

ser tu mismo y convencer a Don Cualquiera.


Sin llegar a ti te convencí de que

soy diferente a los demás para acabar haciendo lo mismo que todos.


Sin llegar a todo he llegado y

me pienso quedar a tu lado aunque vestida de imaginación

el tiempo no me dé la razón.



Sin llegar a nada